
En los próximos días asumirá un nuevo Gobierno en el país, lleno de desafíos y proyectos para intentar que Chile consiga finalmente superar las barreras del sub desarrollo, y en su tercer siglo de vida independiente pueda otorgar a sus ciudadanos cada día mayor bienestar económico y social.
El nuevo presidente de la República, Sebastián Piñera, realizó interesantes promesas y anuncios durante lo que fue su campaña, y en materia económica puso especial énfasis en las pymes, reconociendo que ellas son un motor de crecimiento y estabilidad imprescindible para la sociedad chilena, por lo que varios esfuerzos se deben apuntar hacia este sector que aporta gran cantidad de los puestos de trabajo en el país.
De este modo, algunas metas planteadas fueron el que las pequeñas y medianas empresas crezcan al 8% anual (casi el doble de lo que se estima será el ritmo de la economía global), apoyar la reprogramación de sus deudas tributarias y financieras, otorgar mayor acceso al crédito y promover leyes pensadas a partir de la realidad pyme, para que sean realistas y viables.
Adicionalmente se expuso la necesidad de que organismos como el Banco Estado y la Corfo, estén abocados casi en exclusiva a lo que es el servicio a las pymes, a fin de que puedan reactivar y salvaguardar de manera adecuada su quehacer. Y el tema de la eficiencia fue otro punto destacado, entendiendo que la lógica económica y las urgencias del rubro son muy diferentes a las de las grandes empresas. Por ello, circuló la idea de crear un Consejo Nacional de Pymes y una Oficina Nacional de Emprendimiento.
Por último, también se habló de generar 250 mil empleos por año en el país (y buena parte será proveniente de la pequeña y mediana empresa), para lo cual se incentivaría la capacitación, la innovación y la flexibilidad en materia de legislación laboral.
La industria panadera nacional, como una de las actividades relevantes para la población por el tipo de productos que elabora y comercializa, desea hacer llegar al nuevo Gobierno sus más sinceros deseos de éxito en lo será su gestión a partir del día 11 de marzo. Asimismo, nos ponemos a disposición de las nuevas autoridades para conversar, analizar y avanzar respecto de todas las materias contingentes que involucran a este rubro.
Junto a nuestros buenos deseos, queremos también manifestarles que esperamos que las promesas de mayor participación y de escuchar realmente a las pymes antes de tomar decisiones y establecer políticas de acción, sean una realidad, ya que creemos que es posible aportar en diferentes sentidos para potenciar de verdad a este sector, y atender lo que son sus verdaderos requerimientos.
Ejemplos de lo anterior son la urgencia de avanzar en el establecimiento de un Estatuto Pyme que esté más acorde con lo que se necesita en el día a día, y que posibilite la entrada en vigencia de medidas eficientes para concretar el crecimiento de las pequeñas empresas. Igualmente, el hecho de que se pongan en marcha normas de protección efectivas para controlar el clandestinaje o sistemas de fiscalización más acordes con lo que de verdad puede exigírseles a negocios con características pymes.
Desde el punto de vista gremial, nuestra labor será también de fiscalización para que se cumplan las promesas empeñadas y para proteger los intereses de nuestra industria. Claro que efectuando esta tarea dentro de un marco de respeto y diálogo permanente con las autoridades, que esperamos estén siempre disponibles para sentarse a conversar.
Lo dicho, la mejor de las suertes para quienes les toca estar a cargo del país en los próximos cuatro años, y la esperanza de que ojalá se incorpore a la pyme de verdad en este período y no quede todo, como casi siempre, sólo en buenas intenciones o palabras de buena crianza.
El lamentable terremoto y maremoto que asoló recientemente a buena parte del territorio nacional, nos ha cambiado sin duda la visión y la perspectiva que teníamos en varios aspectos de la vida cotidiana, y nos ha obligado en muchos casos a cambiar los objetivos, los proyectos y las metas planteadas desde el punto de vista comercial.
Claro que también ha dado paso al despertar de la solidaridad y de la ayuda y colaboración mutua entre colegas, así como al siempre valioso ejercicio de ponerse en el lugar del otro e intentar colaborar con quienes se han visto más afectados.
Como entidad gremial efectuamos recientemente un recorrido por las regiones donde el cataclismo de la naturaleza golpeó con mayor intensidad, y pudimos comprobar cómo algunos industriales lo perdieron simplemente todo, o cómo otros subsisten a duras penas para mantener una mínima actividad que les posibilite seguir sobreviviendo en el negocio al que han dedicado gran parte de sus vidas.
Muchos son los problemas inmediatos, como la falta de materias primas, la falta de energía o la falta de infraestructura. A ello se suma el que por desgracia, algunos se han visto afectados por saqueos en sus panaderías, agravando con ello una situación que de por sí ya es muy compleja y llena de incertidumbre, tanto para los empresarios como para sus trabajadores y familias.
La tarea de la reconstrucción y vuelta a la normalidad del sector panadero y pastelero en una gran cantidad de ciudades, tomará desde luego un largo tiempo y no será tarea fácil de implementar, dadas las múltiples urgencias por solucionar y los recursos económicos que ello demandará.
Como rubro eminentemente pyme, de recursos limitados, algunos aspectos serán clave en este desafío por retomar el rumbo, cuestión que irá en beneficio no sólo de los industriales, sino que también de sus empleados y de la población en general, dado el producto de primera necesidad que nos toca entregar a diario a la comunidad.
Para ello, vital será la ayuda gubernamental que podamos recibir, tanto de manera directa, así como también a través de la creación de mecanismos que nos permitan llevar adelante nuestra labor. Dentro de esos elementos hay que considerar, por ejemplo, el acceso rápido a créditos blandos, la aplicación criteriosa de normativas de fiscalización en distintos aspectos relacionados con la productividad, la flexibilización en materia laboral y tributaria, el resguardo ante posibles alzas desmedidas en los valores de los insumos, y un largo etcétera que irá surgiendo con el paso de los días y la detección de nuevos requerimientos.
Nuestro llamado a las autoridades es a no olvidarse de esta industria, que resulta tan vital para satisfacer las necesidades básicas de los chilenos. En ese sentido, no les pedimos de buenas a primeras que nos regalen nada, pero sí que nos faciliten las herramientas para poder trabajar. Asimismo, el llamado a la empresa proveedora y a los colegas que componen esta gran familia panadera, es a redoblar los esfuerzos solidarios y a ser consientes del duro momento que nos toca afrontar, sin miramientos personales ni mezquindades marcadas por la contingencia.
Por desgracia nos toca vivir una situación compleja, pero nuestro mensaje para todos es de aliento y esperanza, ya que estamos convencidos de que nos podremos levantar más temprano que tarde, para así volver a cumplir con el enorme rol social que jugamos en Chile.
Sepa cada uno de los colegas afectados, que estaremos más disponibles que nunca para asistirlos, que la unidad jugará un rol trascendental en esta ocasión y que no tenemos dudas de que conseguiremos salir adelante con el compromiso, la fuerza y el tesón que caracteriza a nuestra actividad, que en esencia siempre ha sido sacrificada y muy de poner el hombro y estar al pie del cañón en todo instante.
Reciba cada uno de ustedes un fuerte y caluroso abrazo, junto a un mensaje de gran energía y positivismo para emprender los nuevos desafíos que nos demanda este momento.
Comenzó una nueva década de este tercer milenio y en el caso particular de Chile, ello implicó un importante cambio de autoridades, tras 20 años de gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia. Por ello nuestro gremio se reunió con los nuevos responsables del Ministerio de Economía, para interiorizarlos en lo que es la realidad de la panadería y pastelería tradicional en el país, así como para plantearles los desafíos que este sector, predominantemente pyme, tiene de cara a asegurar su sobrevivencia.
Asimismo, la idea de esta cita fue proponerles distintos mecanismos (que esperamos evalúen y contemplen a la brevedad posible), que a nuestro juicio pueden ayudar a mejorar la competitividad de una industria, cuyo funcionamiento adecuado resulta clave para buena parte de la población nacional.
De este modo, primero se les hizo ver que el sector vive una gran crisis que ha afectado su posición competitiva, cuestión que se vio agravada a causa del terremoto del 27 de febrero último. En ese sentido, se destacó la problemática del la alta variabilidad de costos operacionales, así como los inconvenientes económicos para invertir en tecnología, capacitar a los trabajadores e incorporar elementos de innovación y diferenciación a la gestión, que posibiliten otorgar valor agregado a los productos.
Por otra parte, se hizo referencia a la transformación que ha sufrido el mercado de la panadería en los últimos años, ello a causa de la aparición de los procesos de congelado de las masas, la competencia de panes envasados y de cereales para el desayuno, los cambios en los hábitos de consumo y la ampliación del mix de productos para el almuerzo. A eso se suma la fuerte irrupción de otros actores como los supermercados, que cada día amplían más su cobertura geográfica, y de las amasanderías y estaciones de servicio. Por último, existen otros agentes que venden su pan incumpliendo las normas laborales, tributarias y sanitarias, generando costos artificialmente menores.
Y en cuanto a propuestas concretas, nuestro gremio planteó a las nuevas autoridades diversas medidas de fácil implementación (si es que existe real voluntad política), de gran eficacia y altamente contingentes. Ellas parten por instaurar un sistema de fiscalización más efectiva para salvaguardar al sector de la competencia desleal, generada por productores informales y clandestinos de pan, que no cumplen normas sanitarias, tributarias, laborales, etc.
Un segundo aspecto es el que dice relación con temas tributarios, donde propusimos evaluar la opción de un IVA diferenciado para el producto pan, dada su alta incidencia para buena parte de la población. En ese mismo sentido, hicimos referencia a la compra de harina por parte de las panaderías (que hoy obliga a pagar el IVA normal del 19%, más el 12% de retención adicional), y a la antigua norma -mal utilizada por cierto- que planteaba que para la compra de hasta un quintal de harina para uso personal, este recargo no se aplicaba. El punto es que en la actualidad esta excepción es "manejada" los distribuidores de harina, lo que fomenta la evasión y la informalidad, puesto que quienes compran sin este recargo, no están incentivados a vender sus productos con facturas o boletas. Para resolver este relevante punto, que va en contra de la competitividad del mercado, la idea es crear una norma pareja para todos los actores del proceso de compra-venta de harina, así como aumentar el control y la fiscalización en las distribuidoras, para evitar que evadan la normativa legal vigente.
Igualmente se habló de mejorar e intentar igualar las condiciones de competitividad con otros agentes del mercado, como las grandes superficies, las que muchas veces producen pan de baja calidad y lo comercializan a precios que están por debajo de los costos. A este respecto se solicitó establecer un estándar de panadería artesanal, para que sólo quienes lo cumplan puedan ser denominados como establecimientos del sector. Además se propuso que la marraqueta únicamente pueda ser producida y comercializada por las panaderías tradicionales, y no por supermercados o productores industriales.
Tema relevante fue también el relacionado con la obligatoriedad de cierre en días festivos, haciendo hincapié en fechas como el Año Nuevo, el Día del Trabajo, la Navidad y el 18 de septiembre (cabe destacar sobremanera los inconvenientes que genera este último, ya que se provoca un desabastecimiento y problemática sanitaria en relación a la tradicional empanada). Ello porque se favorece con esta medida la evasión y el comercio clandestino. De este modo, se planteó la alternativa de poder funcionar en todos los feriados, pero con trabajadores de reemplazo, en modalidad part time.
Por último, se hizo referencia a la necesidad de establecer una comunicación más directa y fluida con las autoridades, dado que ella ha sido inexistente en el pasado (de hecho no hemos sido incluidos en la agenda de requerimientos al nuevo gobierno de Conupia -entidad a la que pertenecemos- ni de Conapyme). A este respecto pedimos un interlocutor con el que podamos analizar los problemas del sector y buscar soluciones concretas.
Tenemos confianza en que seremos escuchados esta vez por las personas a cargo de las políticas económicas del país. Nuestro ánimo es prestar la mayor colaboración posible, pero queremos avanzar de manera concreta en la búsqueda de soluciones para una industria que no puede seguir esperando y que ha sido postergada invariablemente, encontrándose hoy en un estado de absoluta indefensión. Ojalá que ahora sí suceda algo positivo.
Cuando hace un año concretamos por fin la iniciativa de tener una escuela propia de panadería, estábamos por un lado muy felices, pero por otro existía también cierta inquietud e incertidumbre por el futuro de la misma.
Y no es que no confiáramos en la capacidad de gestión gremial para llevar adelante este proyecto, pero sabíamos que éste dependía de otros factores, como el interés y compromiso de los asociados, el apoyo de la industria proveedora, la toma de conciencia sobre el valor indispensable que tiene hoy la capacitación, etc. En síntesis, una serie de elementos para sostener una idea tantas veces intentada, pero tantas veces fallida por razones diversas.
No obstante, como la confianza, la persistencia y el trabajo responsable y sistemático siempre tienen su recompensa, afortunadamente esta vez fue la vencida y como gremio pudimos hacer realidad un anhelo que de seguro traerá muchos beneficios para el sector y será la piedra angular para otorgar el valor agregado que hoy requiere la panadería artesana chilena.
Varios méritos tiene la Escuela de Panadería de Indupan Santiago luego de doce meses de funcionamiento. A saber: el haberse consolidado como una alternativa de capacitación válida y apreciada por los asociados; el haber mantenido una operatividad permanente y a plena capacidad de manera ininterrumpida; el haber entregado herramientas de calidad para sus alumnos, basándose en una formación teórico/práctica muy aterrizada a lo que son las necesidades concretas de la actividad. Por último, el haber demostrado la valía y relevancia que tiene para la industria contar con una política pro capacitación clara y con objetivos definidos.
Ahora bien, como las buenas ideas no deben estancarse, sino que el principal desafío es desarrollarlas y convertirlas en algo consistente a lo largo del tiempo, para el año 2010 la meta será concretar esta experiencia de formación en una iniciativa de carácter nacional, donde el modelo generado por Indupan Santiago se pueda replicar (con la asesoría de esta entidad) en distintas ciudades de Chile, bajo el apoyo y gestión de las asociaciones locales.
De este modo se podrá aprovechar toda la experiencia ya acumulada en este año de arduo trabajo. Y como no siempre es imprescindible partir de cero e inventar cada vez la rueda, creemos que esta metodología nos permitirá crear rápidamente una verdadera red de capacitación, donde el nacimiento de varias escuelas panaderas asegure el acceso a trabajadores y empresarios de diferentes puntos regionales, a las principales innovaciones y tendencias en materia de lo que son
las exigencias actuales del mercado.
Estamos también ciertos de que esta será una gran ayuda de cara a elevar los estándares de calidad y competitividad de la industria panadera artesana, lo que nos permitirá afrontar de mejor manera los desafíos comerciales que plantea el enfrentar a las grandes superficies y el responder adecuadamente a los que buscan compradores que son cada día más exigentes y sofisticados.
Por otra parte, pensamos que esta iniciativa que liderarán Fechipan e Indupan A.G., constituirá una importante instancia de unión y fortalecimiento gremial, que nos permitirá mayor interacción entre las asociaciones y nos aportará políticas y puntos de interés comunes, a objeto de avanzar de manera más coordinada y activa en ámbitos de implicancia general para el rubro, como pueden ser la capacidad de gestión, la innovación permanente o la integración eficiente de la tecnología.
El llamado y la invitación es a que todas las instancias gremiales, así como todos los empresarios y profesionales relacionados con la panadería tradicional, se motiven con esta idea y participen activamente de ella, ya que estamos ciertos que marcará un rumbo que puede ser clave para el futuro de la industria, en su lucha por mantener el sitial que con tanto esfuerzo se ha ganado en la sociedad a través del tiempo.
Los estudios más recientes demuestran que desde el punto de vista sicológico, la gran mayoría de los chilenos ya comienza a dejar atrás los efectos del terremoto y todo lo que ello implica: desconfianza, temor e inacción en muchos casos.
Se acaban entonces en buena parte los miedos y las energías por salir adelante, por reconstruir lo perdido y por darle mayor estabilidad al diario vivir, pasan a ser objetivos prioritarios para la gente.
Lo anterior se traduce y se puede apreciar igualmente en el ámbito económico, donde las más recientes cifras dan cuenta de una suerte de reactivación que ya toca a todos los sectores. Y es que no es menor pensar que ya hemos recorrido el primer semestre del año, por lo que ya es hora de que los negocios, el trabajo y los recursos comiencen a tener mayor dinamismo.
También hay que destacar que el "efecto mundial Sudáfrica 2010" ha hecho lo suyo, convirtiéndose en una importante válvula de escape para catalizar las angustias, los dolores y los problemas que este gran sismo provocó a una buena parte de los compatriotas.
Dado este contexto, ¿qué se espera para los segundos seis meses del año? A las claras, alcanzar mayor solidez para el mercado, dejar atrás los vaivenes y la incertidumbre laboral, y poner manos a la obra para recuperar los niveles de producción, de empleabilidad y de recursos disponibles.
La tarea está prefijada y esta misión implica un enorme desafío para todas las empresas, sin importar su tamaño. Y en ese sentido, la pyme nacional debe marcar un fuerte impulso, dado que concentra buena parte de los puestos de trabajo que se ofrecen en el país.
Estando inmersa en su mayoría en ese segmento, la panadería artesana nacional está dispuesta y quiere trabajar con especial entusiasmo y énfasis para alentar esta reactivación económica, que requerimos sea permanente. Ello porque estamos convencidos de que la alta productividad es la mejor estrategia y el camino que debemos recorrer para salir adelante en esta ocasión.
De parte del gobierno esperamos una política pública coherente con las instancias necesarias de apoyo a este objetivo común, manejando criterios adecuados para flexibilizar las normativas y maximizar los períodos de actividad laboral efectiva, de cara a no desperdiciar opciones de mayor rentabilidad, que van en directo beneficio tanto de empleados como de empleadores.
Igualmente esperamos que haya más incentivos a la inversión y recursos disponibles para apoyar esta mayor actividad, de modo que el país pueda ponerse de pie rápidamente y seguir manteniendo altos niveles de competitividad.
A las puertas del Bicentenario, la meta es recuperar el tiempo involuntariamente perdido y atacar con nuevos bríos un ritmo económico que todos necesitamos que siga desarrollándose. La invitación es a unir fuerzas tras una sola consigna: trabajar, trabajar y trabajar.
200 son los años que cumple Chile y las razones para celebrar son muchas, en una patria que se ha forjado sobre la base de un gran temple y coraje, en uno de los confines del mundo. Tal vez sea esa una de las causas que nos hacen enorgullecernos tanto, porque nada nos ha sido fácil, pero hemos logrado imponer nuestros términos pese a ser sólo 17 millones y estar más bien alejados de todo.
Y en los acontecimientos de estos 2 siglos de vida, encontramos también varias historias paralelas que han ido formando la cultura nacional y aportando con su grano de arena para conformar lo que hoy somos. Es en ese contexto en el que se sitúa la historia de la panadería artesana chilena, una actividad que está fuertemente enraizada en la sociedad nacional y que es ya parte trascendente de las más puras tradiciones de nuestra patria.
Pero vamos recordando y habrá que decir que en los albores del país, toda la producción panadera se concentraba más bien en los mismos hogares o escasamente en amasanderías que tenían como objetivo el sustento personal o familiar. No existía por tanto, una industria formal como la que hoy conocemos.
Lo anterior se debe a que la formación del sector, tiene que ver con la llegada de inmigrantes que comenzaron a dar vida a esta noble actividad con más profesionalismo. Ello acontecería con mayor intensidad a comienzos del siglo pasado, cuando se produjo una oleada importante de europeos que vinieron en busca de mejores oportunidades hasta estas lejanas tierras, por lo que estaban más dispuestos a asumir una labor tan sacrificada como la panadera.
De este modo, el rubro se forjó básicamente a partir de una fuerte colonia española en la zona centro sur del país, la cual se vio complementada por el aporte de las colectividades italianas y alemanas, así como por la actividad desarrollada por varios inmigrantes griegos y croatas en el norte de Chile.
Esto nos recuerda que entre los actores relevantes de esta historia bicentenaria, también están muchos extranjeros que con su trabajo y esfuerzo ayudaron a formar y hacer crecer a una nación que, en la mayoría de los casos, terminaron adoptando como propia y eligiéndola para echar raíces familiares y profesionales. Por eso, en esta fiesta nacional que viviremos dentro de pocos días, vaya nuestro recuerdo y reconocimiento para ellos.
Volviendo a la panadería artesana, hay que señalar que ésta ha conseguido ganarse un muy relevante lugar en el alma de los chilenos, que no en vano se han pronunciado en su favor, otorgándole un nivel de importancia extrema en su diario vivir. En ese sentido, no por nada nos ubicamos entre las naciones "top five" en lo que a consumo de productos panaderos se refiere. Sin duda, una distinción que no es casualidad.
Pero si de tradiciones y elementos típicamente nacionales se trata la celebración bicentenaria de nuestra patria, no podemos dejar de mencionar y entregar un lugar de alta trascendencia a la marraqueta, un producto 100% criollo, que ya es, sin lugar a dudas, parte esencial de nuestra identidad nacional. Y así suman y siguen los aportes de la panadería al alma local, porque también somos los responsables de las empanadas, los choripanes y los dulces chilenos, todos actores infaltables en el festejo nacional.
Por eso, nos sentimos parte más que activa y perteneciente de nuestra cultura popular, lo que hace que el sector tenga mucho que festejar en esta instancia bicentenaria.
Sólo nos resta desearles a todos, trabajadores, empresarios, autoridades y consumidores, unas hermosas fiestas, y esperar que estos 200 años sean únicamente el punto de partida para un futuro lleno de éxito y desarrollo, en el que avancemos a paso firme por el camino de la calidad, de la profesionalización y de la competitividad en todos los ámbitos, para hacer del país un gran
lugar para las próximas generaciones. ¡Viva Chile!
Nuestra industria está siendo afectada, una vez más, por una práctica desleal de parte de las grandes superficies, que atenta muy a las claras contra el sistema de libre competencia y perjudica el normal funcionamiento del mercado.
Esta vez el episodio tiene su origen en la ciudad de San Vicente de Tagua Tagua, en la sexta región, donde los supermercados Mayorista 10 y Líder, están vendiendo desde hace ya un largo tiempo, el kilo de pan en precios del orden de los $190 a $490, valores ridículos e irreales, que no se condicen con los verdaderos costos de elaboración del producto.
Dado que esta práctica predatoria ya implicó la quiebra y el cierre de varios colegas del rubro en esa zona, la Cámara de Comercio de la comuna de San Vicente, decidió denunciar la situación frente a la Fiscalía Nacional Económica (FNE), a fin de abogar por una protección efectiva hacia las empresas panaderas que se enmarcan dentro del concepto pyme.
Y como bien debe estar ya suponiendo usted, amable lector, la respuesta tragicómica de la Fiscalía, fue desestimar el reclamo, por no considerar este hecho como una mala práctica que pueda atentar contra el normal funcionamiento del mercado… sí, leyó bien.
Pero lo más preocupante se encuentra al analizar los argumentos con que justifica la FNE su resolución. El primero de ellos apunta a que ser industrial panadero es algo muy fácil y que salirse de la actividad es un tema sencillo, que no implicaría un descalabro económico. Ello, porque se indica que existen pocas restricciones legales para instalarse en este negocio, que el mismo no requiere de inversiones en publicidad y que como hay gran interés por contar con hornos de segunda mano en el sector, se puede enajenar la maquinaria sin incurrir en grandes pérdidas.
Cabe preguntarse, ¿de qué tipo de negocio nos están hablando?
El segundo tema apunta a que la conducta de los supermercados no atenta contra sus competidores y que no existe la intencionalidad ni el objetivo de arrasar el mercado, ni tampoco de perjudicar a las empresas de menor tamaño. Según la FNE, lo que hacen las grandes superficies es una práctica legal, conocida como "loss leading", que consiste en seleccionar un conjunto de productos (de alto interés para los compradores) y venderlos a bajo costo con
fines de promoción… si, leyó bien, es legal.
A la aplicación de este "peligroso, confuso y retorcido" concepto, hay que sumarle que excluye a su ejecutor de cualquier intencionalidad predatoria, ya que se asume que no persigue como finalidad eliminar a los competidores. Es más, se dice que podría seguir practicándose, aún en ausencia de ellos, ya que para las grandes superficies (desde luego) no representa pérdidas económicas significativas.
Resquicios más o resquicios menos, hay que ser bien claros y no dejarse engañar. Como dice el título de esta editorial, no hay peor ciego que el que no quiere ver, y con este fallo, queda demostrado que la legislación está hecha, ex profeso, para beneficiar a los grandes conglomerados económicos. Sí, porque creer que esta práctica no afecta a la libre competencia, es invitar a comulgar con ruedas de carreta y no hablar con la verdad.
Sin lugar a dudas, aquí estamos frente a una maniobra supermercadista para asfixiar a las pymes panaderas y para quedarse, a solas, con un mercado en el que luego puedan hacer lo que quieren, poner las condiciones que más les convenga y manejar a su antojo los precios de manera indiscriminada.
Y una vez más, los pequeños comerciantes nos vemos afectados y quedamos absolutamente desprotegidos frente a este tipo de políticas públicas y, de paso, nos llevamos el repudio de la gente, por ser los que tenemos que dar la cara frente al consumidor final y justificar los reales valores de venta que deben tener nuestros productos.
Para muestra de lo anterior, otro botón. Recientemente el Ministro de Agricultura, anunció que va a crear una comisión para fiscalizar los precios del pan, dado que, a su juicio, estos no cambian de la misma manera en que fluctúan los del trigo y la harina. Claramente no sabe cómo funciona el negocio panadero, pero además, no ve la viga en el ojo propio, ya que por proteger y subsidiar a los agricultores de este país, el resto de los chilenos come un pan más caro que el que tendríamos con una importación libre de trigo y harina extranjera.
El tema pasa por ponerle de verdad el cascabel al gato, pero falta voluntad estatal y política para hacerlo, para entender las problemáticas de las pymes, para darles el espacio que merecen y reconocerlas como lo que son: la principal fuente de empleo de la nación.
Estamos cansados, muy cansados de los permanentes atropellos, y hacemos un llamado a la autoridad para evaluar a conciencia los predicamentos y la filosofía económica que está siguiendo. Y para ello, deben escuchar y reunirse con las entidades gremiales (que son los especialistas de cada sector) y no vivir haciendo presupuestos o elucubrando medidas alejadas de la realidad, que tendrán escaso impacto.
Esto no puede seguir, es hora de parar, es hora de cuidar lo que tenemos y de asumir una postura franca, que deje de privilegiar a los grandes y otorgue justicia y seguridad de poder luchar con armas limpias y transparentes, en un mercado efectivamente competitivo.
Cuatro años han pasado desde que se realizara la última versión de Fipach en formato tradicional de feria. Tiempo prolongado para un mercado que se mueve a ritmo vertiginoso y cuya competitividad obliga a mantenerse al día para no perder terreno.
Por ello, el desafío es doblemente importante y nos obliga como gremio a presentar un evento de primer nivel, que se convierta en una muestra imperdible para todos los industriales que quieran progresar y desarrollarse a lo largo del país.
Las metas están por tanto muy claras y nuestro primer objetivo ha sido establecer un estándar mínimo de calidad para todos los productos y servicios que se presenten en Fipach 2010. Esto, como una forma de asegurar al visitante profesional que encontrará la mejor alternativa para sus requerimientos.
Por otra parte, como los avances en materia de tecnología y de soluciones alimenticias ocurren actualmente en períodos muy cortos de tiempo, la idea es contar con una exhibición que asegure mostrar lo más avanzado que en relación a maquinarias, insumos y productos se encuentre disponible, de modo de tener al alcance de la mano lo mejor del mundo para los empresarios nacionales.
Sabemos que hoy es muy fácil viajar y conocer de primera mano otras realidades, pero el valor de esta feria estará en aterrizar las tendencias globales a la realidad local y por ello el compromiso con la excelencia es un horizonte que nos hemos propuesto para estar a la altura de los nuevos tiempos.
Por lo anterior, contaremos además con diversas actividades complementarias que irán en esa línea de acción. Las mismas, por ejemplo, tendrán que ver con una serie de seminarios para analizar y discutir problemáticas como la competencia desleal, las prácticas predatorias de las grandes superficies, la eficiencia de la cadena productiva trigo-harina-pan, el fortalecimiento del capital humano, los desafíos nutricionales del pan desde el punto de vista de la alimentación saludable y el nuevo plan de reducción de sodio que será impulsado a nivel gubernamental.
Igualmente se llevarán adelante atractivas iniciativas para promover los productos del sector, las que incluirán concursos de panadería, pastelería y chocolatería, así como una exposición fotográfica que dé cuenta de la historia del rubro y una de artesanía en pan, destinada a difundir el sentido artístico y estético de esta profesión.
Asimismo, estamos ciertos que Fipach será una excelente instancia para acercarnos como colegas industriales y para crear mejores redes gremiales de apoyo, que nos posibiliten concretar proyectos en pos de asegurar el crecimiento y subsistencia de la panadería tradicional en cada rincón del país.
Y es que pensamos que este certamen constituirá precisamente una demostración efectiva y exitosa de lo que debe hacer un gremio activo, que se preocupe de entregar a sus asociados las herramientas necesarias para transitar por el camino correcto y que vele por custodiar sus intereses a todo nivel.
Por último, vaya nuestro llamado a cada una de las empresas proveedoras para hacerse presentes en Fipach 2010, ya que es impensable restarse de este gran evento para la panadería y pastelería chilena. Sabemos que el estar en esta feria representa un compromiso real con el sector, que todos sus actores sabrán reconocer y premiar con su preferencia.
Los esperamos a todos, ¡nadie puede faltar a la cita!
En el mundo de los negocios actual, lo único permanente es el cambio, y ello es una realidad que vale la pena asumir y tener muy en claro, ya que para adecuarse a esto se requiere de voluntad, de mentalidad abierta y de un espíritu del cambio que impregne lo más profundo de nuestro quehacer empresarial.
El desafío es ser partícipes de esta nueva cultura de adecuación permanente a los modelos de gestión, y no meros espectadores de lo que hacen los demás, de lo que intentan las grandes empresas. Para eso es necesario internalizar que existen algunos conceptos que deben estar asociados indivisiblemente, y que tiene que ver con la innovación, la creatividad y la preparación adecuada a todo nivel.
De este modo, la innovación debe manifestarse en todos los aspectos del negocio y debe ser un pilar fundamental, un motor que mueva la actividad, entendiendo que los consumidores están buscando cosas diferentes y atractivas a cada momento, porque están un poco cansados de encontrar siempre más de lo mismo.
En ese sentido, hoy por hoy la verdadera clave del éxito comercial, lo que marca realmente la diferencia, es estar atentos y escuchando lo que el mercado y los compradores quieren, para estar un paso adelante y no quedarse estancado en viejas prácticas.
Se hace imprescindible llevar la delantera y no resistirse a los cambios. Se hace necesario no sólo subirse rápidamente al carro de la innovación y asumir con celeridad las modificaciones que están en marcha, sino que también ser generadores de ellas, con un real espíritu de emprendimiento.
Y esta es una tarea más bien pendiente para la industria panadera y pastelera, porque en general vamos detrás de lo que vemos en otras actividades que de por sí son más innovadoras, como el retail o los mismos supermercados. Y es cierto que ellos tienen más herramientas, lo que les facilita la implementación de nuevas estrategias y escenarios comerciales, pero no hay que perder de vista que en materia de innovación y creatividad, lo que valen son realmente las buenas ideas y no importan sólo los recursos.
Por eso el llamado es a tener un negocio flexible, que sea capaz de adecuarse con velocidad a los vaivenes del mercado y que igualmente esté imaginando de manera constante nuevas metodologías de venta y servicio, en sintonía estrecha con lo que andan buscando los clientes. Un negocio que apunte a la incorporación sostenida de la innovación en su cultura organizacional, que logre sistematizar dichas prácticas como una rutina permanente, generando cambios en ámbitos como los valores de la empresa y su misión, o la motivación de los trabajadores.
Y ojo que la idea no es sólo cambiar por cambiar, sino que hacer modificaciones con la mentalidad de proyectar el negocio, de desarrollarlo y de avanzar convirtiéndose en líderes por las iniciativas propuestas. Lo anterior comprendiendo que proyectarse en el tiempo implica saber a ciencia cierta qué queremos y por qué nos esforzaremos, y no pasa por esperar a ver cómo se dan las cosas o que están haciendo los demás. Por eso llevar la delantera tiene un significado muy especial, que no tiene que ver únicamente con ganarle a la competencia, sino que representa el elemento fundamental que nos permitirá contar con mayores opciones para potenciar el negocio y generarle verdaderas perspectivas de crecimiento.
Como rubro panadero y pastelero, debemos aprovechar el capital que tenemos al contar con una larga y estrecha relación personalizada con nuestros compradores. Ello es algo que no podemos desperdiciar y que debemos hacer valer, dado que es una ventaja que nos debe permitir un mayor entendimiento del mercado, de cara a proponer las mejores iniciativas, ser innovadores y estar marcando el rumbo por el que debe ir esta industria.
La innovación se puede definir como los cambios que se introducen en una empresa para hacerla más eficiente, productiva y competitiva en su mercado. Los mismos pueden darse en diferentes niveles, ya sea creando nuevos productos, mejorando los procesos de fabricación o comercialización, incorporando tecnología, etc.
La innovación implica en sí creatividad, riesgo, reinvención, pero también mucho de voluntad, decisión y energía para concretar las ideas e iniciativas que pueden modificar la relación comercial con los clientes, así como optimizar las oportunidades de desarrollo de los negocios.
Ejemplos de innovación, de medidas para reenfocarse con éxito en los desafíos de mercado existen bastantes, y bien vale la pena revisar algunos para darse cuenta de que el cambio entendido de esta forma, es algo que debe estar presente de manera permanente en la cabeza de todo empresario que desee avanzar y proyectarse.
Hacia 1983 Pepsi dio un fuerte golpe a Coca Cola, arrebatándole el primer lugar en consumo en USA. ¿Cómo?, apostó para sus comerciales por un joven emergente que le cambio la cara a la marca: Michael Jackson. Un año después innovó nuevamente, lanzando al mercado el envase de 3 litros, algo que parecía una locura para esos tiempos.
Nokia es hoy el líder indiscutido en telefonía celular, pero su negocio se ha reinventando tantas veces, que partió vendiendo caucho y papel confort. Luego se metió al mundo de la electrónica fabricando televisores, y hoy las telecomunicaciones son su ámbito. Ni qué decir de IBM, que comenzó fabricando balanzas, posteriormente dio el salto a los computadores, y hace 5 años ya no los vende, pero es el número 1 en asesorías y servicios informáticos.
Otros casos los encontramos en el deporte, donde la creatividad para lograr acuerdos y auspicios, sumado a más que innovadoras estrategias de marketing, hacen maravillas y permiten tener equipos como los galácticos del Real Madrid, que en realidad recaudan más dinero por venta de camisetas, giras y presentaciones de sus jugadores, que por sus partidos en la liga. Y si de reinvención se trata, qué más brillante que lo que ha hecho la escudería de Fórmula 1 Brown GP: el año pasado no existía, fue comprada de forma simbólica en 1 dólar a Honda, y hoy lidera sin discusión la categoría.
Y ojo, que pese a que a estos reconocidos ejemplos son de alto nivel, la innovación no tiene que ver con recursos económicos ni únicamente con multinacionales ni mercados globales, sino que es algo que se puede aplicar a toda escala, ya que para echar a andar buenas ideas, sólo se requiere de voluntad e ingenio.
Por ello la realidad panadera y pastelera no puede quedar ajena a este proceso tan imprescindible en el mundo de los negocios de hoy, y debe contemplar iniciativas como la venta de nuevos productos, sistemas de atención personalizados, promociones, fidelización de clientes, procesos de elaboración, gestión y administración más eficientes, etc.
Lo importante es reconocer que debemos acostumbrarnos a una cultura de la innovación, del cambio, donde la necesidad de reinventarnos forme parte sustancial de nuestro ADN empresarial. Es urgente comprender que el mercado actual exige renovación constante y que tenemos la obligación de innovar no sólo para salvar momentos de crisis, sino que siempre, porque la sofisticación de los clientes avanza de tal manera, que es urgente sorprenderlos a cada momento. En los tiempos que corren, hay que modificar el switch mental y saber que lo único permanente, es precisamente el cambio
Y sobre el punto de la permanencia en el tiempo debemos hacer hincapié y marcar las diferencias con el tipo de capacitación que, como concepto, debemos acuñar para nuestro sector, entendiendo que la misma va mucho más allá de tener un centro o de dar algunos cursos aislados para justificar su existencia.
Esta idea de capacitación debemos desarrollarla como una marea de inquietudes, perfeccionamiento y progreso, que tenga un patrón de actividad definido y constante, que no responda sólo a pequeños hitos o iniciativas puntuales, sino que sea parte de un programa sistemático y bien articulado de crecimiento para el rubro.
Porque eso es precisamente a lo que debemos asimilar la capacitación: a una manera (tal vez la más relevante y viable) de avanzar en nuestros negocios, de hacerlos evolucionar para que sean cada vez más competitivos y estén a la altura de lo que los consumidores actuales exigen.
Asimismo, entendiendo que ello es un proceso que no se culmina en un corto período, ni finaliza con un par de cursos, sino que es algo que se va dando con un trabajo y estudio persistentes, con ganas efectivas de cambiar las cosas, con una mentalidad empresarial y laboral renovada, con procesos de fabricación y gestión que privilegien la calidad o la diversificación, y un largo etcétera.
Tampoco es posible desligar el concepto de capacitación del de profesionalización, ya que en la medida en que cada componente de nuestro negocio (trabajadores productivos, vendedores, administrativos, dueños, etc.) se forme de mejor manera, deberá ir cumpliendo con estándares constantes que permitan su evaluación en cuanto a la excelencia de las labores realizadas o los objetivos cumplidos.
Claro que para internalizar y hacer fructífera esta nueva mirada conceptual sobre lo que realmente implica la formación de profesionales, empresarios y empleados, es imprescindible contar con el compromiso y la participación activa de todos los industriales, para que el cambio de switch venga desde la cabeza misma del negocio. Esto porque somos los únicos que podemos incidir de manera efectiva en generar esta renovada mentalidad, entregando directrices evidentes y señales inconfundibles para quienes están a nuestro lado… pero debemos estar convencidos de ello, y ser quienes practiquemos con el ejemplo a la hora de capacitarnos.
Por último, el tema de la formación debe ser parte integrante de la política comercial de nuestras panaderías, y ocupar igualmente una prioridad dentro del esquema que nos obliga, en la actualidad, a ocuparnos y fijar metas para áreas como la administración, las ventas, el marketing, la incorporación de tecnología, etc. La capacitación debe ser una más de esas áreas, con las misma dedicación y capacidad de planeamiento que requieren las demás.
Hoy por hoy los consumidores están mucho más informados y tienen mayor conciencia de lo que desean exigir, así como una clara idea de lo que andan buscando en materia de calidad. Y cuando hablamos de un comprador en relación a productos alimenticios, los estándares requeridos de excelencia se elevan, dado que existe un relevante tema de salud que está de por medio en esos casos.
Por ello es tan importante todo lo que tiene que ver con las buenas prácticas sanitarias de elaboración para un rubro como el panadero y pastelero, dado que en ello puede jugarse buena parte del prestigio del negocio y la preferencia y fidelidad de los clientes en el largo plazo.
Como este es un tema no sólo de interés privado, sino que también público, en los próximos años nos veremos enfrentados a diferentes normativas que van a regular de mejor modo la producción de alimentos desde el punto de vista sanitario (todo lo referente a por ejemplo los parámetros de la HACCP y otros).
El llamado a todo nuestro rubro es a preparase con tiempo para esta situación y a asumirla como una oportunidad que puede y debe ir en beneficio de la calidad de lo que vendemos, lo que a su vez nos dará mayores herramientas de competitividad y otorgará un valor agregado a nuestros productos.
También a considerarla como un elemento que forma parte de la responsabilidad social que como empresarios nos cabe, de cara a entregar buenos alimentos, a cuidar la salud de nuestra clientela y a brindarles cada día la seguridad de estar eligiendo un lugar de compra que les da un buen servicio y que se preocupa por su calidad de vida.
Para que esto se pueda concretar, es muy relevante que seamos capaces de transmitir estas ideas y necesidades a nuestros trabajadores, ya que sin la ayuda de ellos será absolutamente imposible implementar de manera exitosa una nueva política de producción, que considere mayores estándares de higiene y procedimientos regulares y acotados para concretarla.
Esto debe convertirse en una verdadera política de empresa, que cuente con el compromiso efectivo de todos quienes la componen, y para ello es imprescindible que cada miembro de la organización tome conciencia e internalice los conceptos que están detrás de las buenas prácticas sanitarias, dado que sólo actuando por convicción y no por obligación, es posible avanzar en estas materias.
Desde luego que aquí jugará un rol muy destacado la capacitación, que debe implementarse a todo nivel, de capitán a paje, apuntando a generar las competencias laborales más adecuadas para desempeñar con éxito cada función al interior de la panadería y para enfocarse en la elaboración de excelencia. Rol trascendente cumplirán en este sentido –el de creación de oportunidades de formación- las entidades gremiales y las alianzas que puedan desarrollarse con las empresas proveedoras.
Desafortunada, inoportuna y un tanto demagógica fue la conferencia de prensa que dio durante el mes de marzo la Ministro de Agricultura, Marigen Hornkohl, para anunciar la puesta en marcha de una encuesta quincenal para medir el precio del pan en panaderías y supermercados.
Desde luego no es rol del Gobierno perseguir a los fabricantes de este alimento, ni intentar una intervención de precios por medio de la presión pública, en un mercado que supuestamente está regido por la libre competencia. Pero además el tema se vuelve complejo, si se analizan algunos elementos como el comunicar este estudio en un establecimiento de una cadena de supermercados, privilegiando a las claras a un tipo de productor, y contraponiéndose al discurso oficialista de proteger a la pymes (¿en qué quedamos?, ¿es esto efectivo o sólo hablamos de ellas porque suena bonito?)
También es digno de analizar una serie de equivocaciones, imprecisiones y contradicciones que mueven a equívoco a la gente, y que bien vale la pena precisar. Lo primero es señalar que se hace relación a que el precio del trigo ha disminuido en el último tiempo, y que por ello la baja del pan debería ser significativa. No obstante hay
que indicar que el pan se hace con harina y no con trigo, y que por lo tanto el valor del mismo no alcanza al 30% de los costos finales, mientras que los demás insumos suben y suben de manera muy relevante.
Igualmente hay que considerar ciertos ítems que no son para nada comparables, como por ejemplo las economías de escala con que cuentan los supermercados versus las panaderías tradicionales; el sistema de contratos laborales que presentan los trabajadores, o la muy notoria diferencia de calidad en el producto final. Todos ellos elementos objetivos, que desde luego nadie comenta ni toma en cuenta a la hora de efectuar estos pseudos análisis.
El otro punto importante es el de las contradicciones en la que incurre la Ministro de Agricultura, a la luz de lo que declara formalmente el Gobierno, ya que plantea como misión de urgencia el lograr a toda costa la venta de pan al precio más bajo posible. ¿Quiere saber cómo se puede conseguir aquello?: contratando mano de obra a muy bajo valor, o simplemente contando con un mínimo de personal y dejando todo en manos de la tecnología. Desde luego algo que no se compatibiliza con los propósitos de la Presidenta Bachelet, en orden a generar más y mejores empleos para los chilenos.
A eso hay que agregar la reciente investigación que lleva adelante la Fiscalía Nacional Económica, sobre una posible colusión de precios en los valores de venta del pan. Pero resulta que en este estudio se reconocen diferencias de hasta 350 pesos en los establecimientos del sector. ¿En qué quedamos entonces?
Ya hace algunos años otro Ministro de Agricultura, Álvaro Rojas, intentó fijar el costo del pan, sugiriendo específicamente cuál tenía que ser su precio. De verdad nos parece que esta no es la manera de estimular la sana y transparente competencia, y más bien suena a un intento de intervencionismo para defender (de qué es la pregunta) al sector agrícola. Sinceramente, ¿qué tiene que hacer un Ministro de esa cartera en relación a opinar sobre los valores de productos manufacturados y sus sistemas de comercialización?
Nos gustaría hacer un llamado a las autoridades y también a la prensa (que no debe hacer eco al voleo de datos o conclusiones que no cuentan con un sustento real), para que sean más serios y profesionales en sus intervenciones, para que al entregar una opinión técnica, realmente consideren todas las variables en juego, y para que entiendan que tras sus palabras, debe existir un sentido de responsabilidad, dado que para la gente son una guía muy relevante, lo que redunda en que si proporcionan información equivocada, desacertada o liviana en su contenido, generan mucho ruido en el mercado.
El valor de las cosas, tal y como la palabra lo indica, considera muchos factores para “valorarlas” en lo que son, significan o implican para satisfacer nuestros requerimientos.
Y ese valor contempla diversas variables, donde el tema precios es sólo una de ellas, pero su trascendencia se relativiza en función de lo que pesan otros elementos que conforman la percepción y “valoración” final de un producto determinado.
Cuando hablamos de productos alimenticios, esa relativización adquiere aún más fuerza, dado que los consumidores están en general dispuestos a pagar más, siempre y cuando lo que reciban esté acorde con sus expectativas y solucione sus necesidades.
Aquí entonces factores como la calidad adquieren un rol fundamental, de cara a marcar una diferencia que incline la balanza de los clientes a favor de un producto u otro, de una marca o establecimiento. Y es que la calidad se convierte más bien en una clave de competitividad, que en los tiempos que corren no se puede ignorar.
Para el mundo panadero y pastelero, una mayor calidad debe traducirse en procesos de elaboración que garanticen productos de excelencia y que permitan diferenciarnos/distanciarnos de lo que ofrecen los negocios industriales y las grandes superficies que, en pos del volumen y de manejar menores costos, muchas veces terminan renunciando a la calidad y distorsionando –precisamente por el elemento precios- el mercado y la percepción de los compradores.
Estos procesos se relacionan de forma directa con respetar lo que son los parámetros de la tradición artesana respecto de, por ejemplo, fabricar con tiempos más largos de fermentación, dejar reposar las masas en los niveles que corresponda, usar masa madre para optimizar el sabor y aroma del pan, cocer el mismo en hornos de piso, y un largo etcétera que sólo va en beneficio de obtener productos verdaderamente premium, de un nivel superior, que de seguro el consumidor sabrá apreciar y “valorar” en su justa dimensión.
A ello se debe sumar la utilización de materias primas e insumos de buena calidad, así como una mano de obra capacitada, que sea capaz de manejar las exigencias de producción que demanda este sistema tradicional.
Lo importante es entender que en esta forma de producción puede estar buena parte del éxito y sobrevivencia de nuestros locales en el corto y mediano plazo. Asimismo, entender que ello puede y debe representar un cambio sustancial, de fondo, a los esquemas comerciales y de competitividad que hoy guían a nuestro rubro.
La clave, creemos, está en empezar a generar tendencias que posibiliten crear un mercado más sano, con verdadero valor agregado, donde la “valía” de los productos se encuentre dada por la calidad y la tradición, más que por el tema precios.
Opinar sobre el precio del pan, hacer evaluaciones sobre los costos del sector, proyectar valores y estimar alzas o bajas en relación a diversos factores, se ha convertido en el último tiempo en una peligrosa constante, que mueve a confusión a la opinión pública y a los consumidores.
Muy fácil resulta para los “expertos” analizar hechos aislados y lanzar al voleo conclusiones con poco sustento real. Cualquiera parece estar capacitado para estimar los comportamientos del mercado panadero en Chile, pero esa liviandad y la falta de una mirada global, que contemple todos los elementos en juego, es un tema preocupante.
Claro ejemplo es lo acontecido recientemente con la baja en el precio internacional del trigo, que al saber de los “iluminados analistas”, debía traducirse en una significativa y similar rebaja en los valores del precio del pan. Eso es no saber nada de nada y sacar conclusiones sobre supuestos que evidencian errores groseros de racionamiento, y un desconocimiento total sobre la actividad.
¿Nadie les ha contado a estos “expertos” que el pan se elabora con harina y no con trigo, por ejemplo? Parece que tampoco saben que la harina no representa más del 40% de los costos totales para la fabricación del pan… y en sus análisis, ¿dónde quedan o se consideran todas las demás variables para elaborar este noble producto, como los costos de mano de obra, de otras materias primas como la levadura, las materias grasas, la sal o el agua, de los combustibles y la energía eléctrica, de patentes, impuestos y otros gastos varios de comercialización?
Opinar sobre el complejo funcionamiento de la cadena trigo-harina-pan, sin conocerla realmente a cabalidad, es un tema delicado que no se debe tomar a la ligera, sobre todo porque se trata de un sector que impacta fuertemente con sus productos a la gran mayoría de los consumidores nacionales.
Y desde el punto de vista de la panadería, el que se emitan públicamente juicios apresurados, que no contemplen todo el contexto del negocio, es un punto bien delicado, dado que es nuestro rubro el único que da la cara a diario frente al comprador final, y el que aparece como el malo de la película ante tanta información distorsionada.
Esta es una época especial del año, donde la estacionalidad de la temporada (producto de las vacaciones) hace que el consumo de los productos de panadería y pastelería disminuya en forma considerable, ante la existencia de una menor demanda.
No obstante, ello debe entenderse como una tendencia natural del mercado y no como una contracción definitiva del mismo. Es importante efectuar la lectura correcta de estas señales y entenderlas en el contexto que les corresponde, para no desesperarse ni hacer cambios que deriven luego en problemas de rentabilidad.
Este es un período que debe estar marcado por iniciativas y actividades que permitan fortalecer la estructura comercial y productiva en el largo plazo. De este modo, es el momento ideal para, por ejemplo, mejorar procesos de elaboración con el objetivo de elevar la calidad, o llevar adelante la implementación de renovadas tecnologías.
Hay además que trabajar en los aspectos técnicos que nos permitan asegurar un nivel de calidad constante, contemplando los ajustes necesarios para superar inconvenientes derivados de las mayores temperaturas o de la disminución en la excelencia de las harinas, dado que las mismas se empiezan a elaborar con mezclas que contemplan el uso de trigos nacionales, que muchas veces resultan inferiores en sus niveles de eficiencia.
Igualmente es un buen momento para innovar, para testear la introducción de nuevos productos, para ejecutar promociones y campañas de fidelización, para poner énfasis en todo lo relativo a la imagen corporativa de los establecimientos, o para capacitar a las personas que se desempeñan en las distintas áreas del negocio.
Hoy más que nunca la panadería y pastelería tradicional chilena, necesita generar elementos de valor agregado para fortalecerse y ser competitiva en el tiempo. Y para ello debe conjugar todos los elementos mencionados, con una buena y consistente administración y gestión de los recursos, que considere variables integrales y parámetros claros de sustentabilidad.
En este punto el tema de los costos y valores cobra especial relevancia, porque los mismos deben ser evaluados de la manera más realista posible, a conciencia y de acuerdo al entorno comercial en el que a cada uno le toca estar, de modo tal de asegurar la rentabilidad de los locales y su continuidad en el tiempo.
Lo más importante es generar conciencia empresarial con una mirada de largo aliento, que rescate como esencia el convertir a la panadería y pastelería artesana nacional, en una industria competitiva por calidad, servicio y valor agregado, que vaya mucho más allá del factor precios y que consiga que el pan deje de ser un commodity, un producto genérico sin diferenciación alguna.
El 2008 fue un año muy complejo para la industria panadera y pastelera nacional, estando marcado por una difícil situación económica, que se sumó a alzas históricas y permanentes en los insumos y materias primas.
Y como el panorama financiero para el 2009 no augura cambios positivos prontamente, surgen a partir de este escenario una serie de desafíos para nuestro sector, de cara a mantener la rentabilidad y la competitividad necesaria para poder subsistir.
En lo fundamental, los mismos apuntan a conseguir mayor eficiencia en diversos ámbitos, con el objetivo de tener negocios más acordes con lo que la realidad del mercado de hoy exige.
Esto considera aspectos como ser más eficientes en la faenas de elaboración y producción, pasando por contar con una metodología adecuada para utilizar las materias primas, por optimizar los controles para disminuir las mermas y por hacer un uso eficaz de las fuentes de energía, por ejemplo.
También será relevante mejorar la gestión de costos y establecer claros procesos de administración, a fin de tener una idea real de lo que efectivamente cuesta fabricar los productos y a qué precio se deben comercializar para ser rentables. Asimismo está todo lo relacionado con la recepción y manejo de insumos de todo tipo, control de bodegas e inventarios, etc.
La eficiencia igualmente implica un ordenamiento de la parte financiera, donde los procesos de control en orden a los flujos de dinero, las ventas efectivas, la rotación de los productos, los gastos e inversiones para la mantención de los locales, así como los costos de mano de obra y cargas impositivas, son un aspecto que no debe quedar al margen de parámetros bien establecidos.
Otro punto es la gestión laboral, para asegurarse de contar con el mejor personal y con un elevado estándar de servicio a los clientes. A ello se deben unir preocupaciones como el cumplimiento eficiente de nuevas normas sanitarias o medioambientales.
Al cumplimiento de estas metas de eficiencia, es además necesario agregar otros elementos que redundarán en una mejor posición para ser más competitivos y para tener con ello más armas para sobrevivir en un mercado muy complejo. Nos referimos a la diversificación de productos, a la preocupación por elevar los niveles de calidad y a una atención y servicio personalizado, que nos permita atender los requerimientos y cambios de hábitos que hoy evidencian los consumidores.
Capítulo también trascendente será la incorporación de nuevas tecnologías, la capacitación permanente tanto para empresarios como para trabajadores, así como el trabajo en innovación para renovar los esquemas comerciales y dar valor agregado a la panadería y pastelería tradicional.
Muchos dicen que una crisis económica mundial de la magnitud de la que estamos viviendo, pocas veces se vio a lo largo de la historia del último siglo. Muchos también opinan que para levantar cabeza de esta situación, el mundo tardará a lo menos unos dieciocho meses en hacerlo, con lo cual el panorama no cambiaría hasta mediados de 2010.
Desde luego que Chile no es una isla ni un mercado tan preponderante como para verse ajeno a estos inconvenientes, y aún cuando nuestra macro economía se sustenta sobre bases bastante sólidas, los efectos de la crisis ya comienzan a aparecer en el país.
Los especialistas auguran un muy duro primer semestre para el 2009, y por supuesto que estos vaivenes afectarán sobremanera la actividad de las pequeñas y medianas empresas, dado que son las que mayores debilidades y menores sistemas de protección presentan ante estos escenarios.
Claro que el asunto se vuelve algo más complejo para la panadería y pastelería nacional, dado que sus productos son de alta sensibilidad en precio y cantidad para la población, lo que muchas veces distorsiona realidades de mercado asociadas a mayores costos de gestión y producción, que no siempre son traspasables al cliente final.
En ese sentido, cabe señalar que nuestro sector ya ha venido sufriendo un alza sistemática en todos sus insumos productivos (materias primas, combustibles, mano de obra, etc.) desde mucho antes de que se iniciara esta crisis, lo que de seguro obligará a seguir haciendo ajustes importantes a la hora de analizar los factores de comercialización.
Pero ¿qué hacer en estas circunstancias para reaccionar adecuadamente y aguantar el chaparrón? Algunas medidas relevantes dicen relación con ser, por ejemplo, muy ordenados en materia de gastos y evaluación de costos, para lo que se requiere optimizar los procesos de gestión y control de los negocios. También nos encontramos con el tema de ser realistas en el manejo de los mismos y no engañarse intentando sostener posturas ficticias en términos de valores, ya que un negocio sano necesita rentabilidad y crecimiento sobre la base de entregar sus productos al precio que realmente tienen.
La racionalización en el uso de insumos y materias primas, es otro factor relevante que puede conllevar importantes beneficios. Y para ello es posible apelar a las raíces más tradicionales de la elaboración artesana, que aseguran en un proceso de trabajo más pausado y de calidad, un mejor rendimiento de éstas.
Pero además esta vuelta a la tradición trae aparejado un componente de calidad y diferenciación, que es vital a la hora de elevar la competitividad –elemento tan imprescindible en estos momentos-. Ello porque genera un valor agregado que hoy los clientes están buscando y por el que están dispuestos a pagar, lo que redunda en poder dejar el factor precios en un segundo plano, para concentrarse más bien en la adecuada satisfacción de los consumidores.
Con gran éxito finalizó recientemente la primera versión de Fipach Tech, un programa de seminarios y charlas que vino a reemplazar a la antigua feria Fipach, y cuyo objetivo fue abordar la problemática de la panadería y pastelería actual, con una visión de análisis para poder conceptualizar los negocios del sector de manera más eficiente, rentable y competitiva.
Esta fue una actividad que buscó generar valor agregado para todos quienes participan en la cadena productiva trigo-harina-pan, constituyéndose en una instancia de debate para ver desde todos los puntos de vista (proveedores, autoridades, empresarios, etc.) lo que es la realidad de la panadería chilena hoy, el escenario comercial y económico que le toca afrontar, así como los desafíos que platea su desarrollo.
También fue una manera de aunar criterios, de escuchar a todos los actores del mercado, de fortalecer nuestro rol gremial y de definir los desafíos, metas y actividades que se deben llevar a cabo en el corto y mediano plazo, a fin de asegurar la supervivencia del sector.
Lo anterior, enfocándose en criterios que dicen relación con la calidad, el rescate de la tradición artesana, los alimentos saludables y funcionales, junto a la incorporación de nuevas políticas de gestión comercial, mayor tecnología, capacitación y herramientas para concretar proyectos que permitan innovar y no quedarse dormidos frente a un tipo de clientela que, actualmente, exige y busca productos y servicios orientados a satisfacer sus muy particulares requerimientos.
De verdad estamos más que satisfechos con la muy positiva experiencia que representó Fipach Tech, y así lo avalan las opiniones y evaluación efectuada por quienes fueron parte de esta iniciativa: empresarios del pan grandes y pequeños, de Santiago y provincia, que asistieron al evento.
Creemos muy necesario efectuar un reconocimiento a todas las empresas proveedoras que se comprometieron y nos ayudaron a que esta idea se hiciera realidad. A todas aquellas que creyeron en nosotros y aportaron no sólo con un siempre necesario apoyo económico, sino que igualmente con la gestión para traer a excelentes panelistas, que nos orientaron sobre diversos temas de gran relevancia y contingencia.
En ese sentido, queremos hacer un llamado a nuestros asociados y colegas, para que en el momento de la decisión de compra privilegien precisamente a estos proveedores, entendiendo que son ellos quienes están liderando las instancias que nos posibilitarán avanzar juntos en pos de solidificar nuestra actividad y proyectarla hacia el futuro, consiguiendo que el pan nuestro de cada día siga llegando de la mejor manera a todos los hogares de Chile.
Por último, deseamos agradecer la participación de todos los colegas de provincia que se hicieron presente en esta oportunidad, aportándonos una perspectiva regional de gran utilidad para entender lo que vive hoy la panadería y pastelería en cada rincón del país, y para ver la forma de generar una actividad gremial que pueda beneficiar realmente a todos los asociados a nivel nacional.
La famosa cadena trigo-harina-pan, es de gran relevancia para la economía nacional y para los consumidores, puesto que de ella nace el alimento base de la dieta de los chilenos. Por ello, resulta de gran relevancia el conseguir una mejor integración de sus actores, generando una actividad transversal que involucre acciones para fortalecerla y proyectar su desarrollo.
Estas iniciativas deben tener un claro horizonte, con un enfoque basado y orientado al ciento por ciento en el consumidor final, ya que de su preferencia y satisfacción dependerá el futuro de los negocios del sector. En este sentido, la cadena debe ser capaz de unir esfuerzos entre productores de trigo, molineros, proveedores de otras materias primas (como grasa, levadura, mejoradotes, etc.) e industriales del pan, pero entendiendo que este último eslabón debe ser la cabeza visible y el lugar en donde se vean con mayor fuerza reflejadas y concretizadas las ideas, dado que es él quien lleva la relación, da la cara y está en contacto permanente con los clientes.
Varios son los aspectos a contemplar, y los mismos dicen relación con la necesidad de producir instancias de innovación, con aprovechar el potencial en proyectos de asociatividad y con avanzar en las áreas de profesionalización y gestión, a fin de crear un marco de sustentabilidad para los negocios que permita a esta cadena alcanzar un rol preponderante y bien coordinado en el mercado actual.
La tarea pasa por comprender que necesitamos cambiar el rostro de la cadena trigo-harina-pan, haciendo esfuerzos mancomunados para constituirnos en un real aporte para el comprador final. Ello implica trabajar en temas como, por ejemplo, el fortalecimiento del consumo, mejoramiento de los estándares de calidad y generación de alimentos que sean un aporte a la salud pública.
Esto nos debe llevar a contemplar un esfuerzo por otorgar verdadero valor agregado a lo que estamos ofreciendo, aumentando para esto la diversificación de los productos y haciendo hincapié en los mecanismos de elaboración y de gestión que nos posibiliten entregar alimentos diferentes, pensados y adecuados a los requerimientos de las personas. Aquí entran en juego elementos técnicos muy relevantes, como elevar la calidad de las materias primas e insumos, a objeto de rescatar lo mejor de la panadería artesana y fabricar productos de nivel superior, que sean preferidos por el consumidor más allá de temas circunstanciales de precios.
Lo importante es entender que todas las iniciativas deben estar orientadas a conseguir una mejor interpretación de lo que los clientes andan buscando, y para ello debemos modificar el concepto de producir lo que queremos vender, por producir lo que la gente desea comprar. Haciendo ese cambio de switch, la cadena debe comprender que necesita cultivos específicos, especificación es de harinas diferentes, insumos con características particulares, y un largo etcétera para elaborar lo que el público de hoy está buscando.
Lo anterior debe también considerar aspectos relativos al servicio y atención de los consumidores, así como capacitación de los recursos humanos a todo nivel, para que puedan entender mejor los desafíos del mercado. Y para esto se necesita del apoyo concreto, con recursos e inversiones, de la industria proveedora, que debe cumplir un rol subsidiario e involucrarse en estas iniciativas y procesos, dado que son el soporte ideal para acceder a experiencias internacionales, conocer nuevas tecnologías e interpretar las tendencias generales que hoy mueven al mundo de la alimentación.
Otro papel relevante debe ser el apoyo gubernamental, y ahí tenemos la gran tarea de generar proyectos atractivos de innovación y profesionalización, con el fin de aprovechar las herramientas de fomento que el sector público tiene a disposición de los sectores empresariales, y que pueden abrirnos grandes oportunidades de cara a potenciar la competitividad del rubro.
Hace poco más de un año que nuestra institución gremial inició un nuevo camino, con una renovada estructura, que tiene como objetivo central avanzar en la profesionalización del sector y aumentar la participación de todos los actores del rubro, de modo de poder trabajar mancomunadamente en la búsqueda de iniciativas y soluciones, que posibiliten la consolidación, crecimiento y desarrollo de la industria panadera y pastelera nacional.
La idea en este tiempo ha sido sumar unidad e involucrar a todos quienes tienen algo que decir para el fortalecimiento de la actividad. Ello contemplando la incorporación de nuevos dirigentes, potenciando la participación de las asociaciones regionales y trabajando con las empresas proveedoras, a fin de que ninguna parte del engranaje de este mercado quede al margen.
Como parte de esta política de aunar voluntades y crear caminos y oportunidades que ayuden a los industriales del pan a encontrar fórmulas que les permitan competir en mejor pie, estar más preparados para los desafíos que hoy presenta el mercado y asegurar buenas perspectivas de sobrevivencia en el mediano y largo plazo, en el próximo mes de octubre se llevará a cabo el seminario Fipach Tech, heredero de la tradicional feria Fipach, que gran prestigio y reconocimiento ha alcanzado en la última década en Chile y Latinoamérica.
Esta nueva modalidad en el formato de Fipach, tiene que ver precisamente con los objetivos que dicen relación con tener un diagnóstico certero y concensuado de la actividad panadera y pastelera nacional, con discutir los mejores caminos y fórmulas para que el sector progrese, y con analizar las instancias más adecuadas para abordar todo aquello que tiene ver con, por ejemplo, la capacitación, la innovación, la diversificación o el advenimiento de más tecnología.
Este renovado enfoque se ha planteado de esta manera, ya que sentimos que nuestra actividad no puede seguir desarrollándose de manera inorgánica y caótica, sino que requiere urgentemente de parar y sentarse a pensar, a evaluar los escenarios que hoy enfrenta y vive a diario el sector.
Creemos que se hace imprescindible reunirnos para debatir acerca de la realidad del mercado en Santiago y regiones, la modernización del rubro, la forma de conseguir mayor competitividad, la manera de trabajar mancomunados entre proveedores y empresarios panaderos, los desafíos que presenta el sector de acuerdo a las tendencias internacionales, etc.
Por ello creamos este formato de seminario, que pensamos es el ideal para generar condiciones de estudio y debate, que aporten a nuestra industria y sus desafíos. Y esperamos que nadie falte a esta cita, por lo que desde ya están invitados todos los empresarios, proveedores, profesionales y trabajadores del sector de cada rincón del país, ya que pensamos que es necesario escuchar la voz de cada uno, para tener una visión realista y completa de nuestro negocio.
Aquí nadie sobra, con la opinión de cada actor del mercado nos asomaremos a comprender mejor las variables, fortalezas y debilidades que hoy tiene la panadería y pastelería nacional, y de esa manera aseguraremos proponer metas claras y precisas, para trabajar de cara a conseguir un sólido futuro para esta noble actividad.
¡Los esperamos!
El valor de las cosas, tal y como la palabra lo indica, considera muchos factores para “valorarlas” en lo que son, significan o implican para satisfacer nuestros requerimientos.
Y ese valor contempla diversas variables, donde el tema precios es sólo una de ellas, pero su trascendencia se relativiza en función de lo que pesan otros elementos que conforman la percepción y “valoración” final de un producto determinado.
Cuando hablamos de productos alimenticios, esa relativización adquiere aún más fuerza, dado que los consumidores están en general dispuestos a pagar más, siempre y cuando lo que reciban esté acorde con sus expectativas y solucione sus necesidades.
Aquí entonces factores como la calidad adquieren un rol fundamental, de cara a marcar una diferencia que incline la balanza de los clientes a favor de un producto u otro, de una marca o establecimiento. Y es que la calidad se convierte más bien en una clave de competitividad, que en los tiempos que corren no se puede ignorar.
Para el mundo panadero y pastelero, una mayor calidad debe traducirse en procesos de elaboración que garanticen productos de excelencia y que permitan diferenciarnos/distanciarnos de lo que ofrecen los negocios industriales y las grandes superficies que, en pos del volumen y de manejar menores costos, muchas veces terminan renunciando a la calidad y distorsionando –precisamente por el elemento precios- el mercado y la percepción de los compradores.
Estos procesos se relacionan de forma directa con respetar lo que son los parámetros de la tradición artesana respecto de, por ejemplo, fabricar con tiempos más largos de fermentación, dejar reposar las masas en los niveles que corresponda, usar masa madre para optimizar el sabor y aroma del pan, cocer el mismo en hornos de piso, y un largo etcétera que sólo va en beneficio de obtener productos verdaderamente premium, de un nivel superior, que de seguro el consumidor sabrá apreciar y “valorar” en su justa dimensión.
A ello se debe sumar la utilización de materias primas e insumos de buena calidad, así como una mano de obra capacitada, que sea capaz de manejar las exigencias de producción que demanda este sistema tradicional.
Lo importante es entender que en esta forma de producción puede estar buena parte del éxito y sobrevivencia de nuestros locales en el corto y mediano plazo. Asimismo, entender que ello puede y debe representar un cambio sustancial, de fondo, a los esquemas comerciales y de competitividad que hoy guían a nuestro rubro.
La clave, creemos, está en empezar a generar tendencias que posibiliten crear un mercado más sano, con verdadero valor agregado, donde la “valía” de los productos se encuentre dada por la calidad y la tradición, más que por el tema precios.
Esta es una apuesta más real y de largo aliento para negocios pymes como los panaderos, que deben alejarse de la guerra de volúmenes y costos, a fin de concentrar sus esfuerzos en hacer de la mejor manera posible (y sacar provecho de ello), aquello que los diferencia y que, sin lugar a dudas, el público sabrá premiar con fidelidad y mayor consumo.
Opinar sobre el precio del pan, hacer evaluaciones sobre los costos del sector, proyectar valores y estimar alzas o bajas en relación a diversos factores, se ha convertido en el último tiempo en una peligrosa constante, que mueve a confusión a la opinión pública y a los consumidores.
Muy fácil resulta para los "expertos" analizar hechos aislados y lanzar al voleo conclusiones con poco sustento real. Cualquiera parece estar capacitado oara estimar los comoortamientos del mercado panadero en Chile, pero esa liviandad y la falta de una mirada global, que contemple todos los elementos en juego, es un tema preocupante.
Claro ejemplo es lo acontecido recientemente con la baja en el precio internacional del trigo, que al saber de los "iluminados analistas", debía traducirse en una significativa y similar rebaja en los valores del precio del pan. Eso es no saber nada de nada y sacar conclusiones sobre supuestos que evidencian errores groseros de racionamiento, y un desconocimiento total sobre la actividad.
¿Nadie les ha contado a estos "expertos" que el pan se elabora con harina y no con trigo, por ejemplo? Parece que tampoco saben que la harina no representa más del 40% de los costos totales para la fabricación del pan... y en sus análisis, ¿dónde quedan o se consideran todas las demás variables para elaborar este noble producto, como
los costos de mano de obra, de otras materias primas como la levadura, las materias grasas, la sal o el agua, de los combustibles y la energía eléctrica, de patentes, impuestos y otros gastos varios de comercialización?
Opinar sobre el complejo funcionamiento de la cadena trigo-harina-pan, sin conocerla realmente a ca-balidad, es un tema delicado que no se debe tomar a la ligera, sobre todo ooraue se trata de un sector que impacta fuertemente con sus productos a la gran mayoría de los consumidores nacionales.
Y desde el punto de vista de la panadería, el que se emitan públicamente juicios apresurados, que no contemplen todo el contexto del negocio, es un punto bien delicado, dado que es nuestro rubro el único que da la cara a diario frente al comprador final, y el que aparece como el malo de la película ante tanta información distorsionada.
El llamado para todos los actores de esta cadena y también para las autoridades de Gobierno y la prensa, es a ser más cautelosos en las opiniones y declaraciones que se hagan, especialmente cuando ellas impliquen estimaciones de precios. Creemos que es muy relevante no hacer proyecciones al voleo, así como tratar de respetar los parámetros y el espíritu que mueve a una economía de libre mercado.
La panadería chilena cuenta con una larga tradición como proveedores de uno de los productos básicos de la canasta de alimentos familiar de Chile, como es el Pan. La industria panificadora está presente en todas las regiones del país, teniendo el pan como la base de sus ventas. Es una industria de gran atomización, conformada a nivel nacional, por unas 5.500 panaderías que generan más de 100.000 puestos de trabajo. Alrededor del 95% de los actores son PYMES con un nivel de facturación que bordea los US$2.000 millones.
Hoy en día la industria de la Panadería tradicional vive una gran crisis que ha afectado su posición competitiva. La problemática de la gran variabilidad de algunos de sus costos operacionales, no solo se está produciendo en Chile como un fenómeno aislado, sino que responde a un evento global que se está dando en todo el mundo.
Un tema importante para la cadena Trigo – Harina – Pan (THP), es como cada eslabón de la cadena percibe y traspasa al eslabón siguiente los precios de sus productos. En el caso de la Industria del Pan esto se refleja en como la evolución del precio de la harina, se refleja en el precio del Pan, en el entendido de que la harina corresponde aproximadamente al 40%-42% del precio del Pan.
Al analizar el desarrollo y evolución de los precios en los últimos años, en las series observadas se aprecia claramente que la evolución de los precios del Pan en un período razonable de análisis 2006en adelante, si bien ha habido una tendencia al alza en el largo plazo; esta ha sido menos que proporcional respecto del alza consolidada en el precio de la harina, más allá de las variaciones estacionales; puesto que si bien los aumentos consolidados para los años analizados, para el caso del Pan son de un orden de un 30%, para el caso de la Harina este aumento consolidado ha estado en un orden de un 100% de 2006 a la fecha, llegando en su momento más alto a costar casi 3 veces el valor inicial.
Ahora bien, si se analiza la situación desde el punto de vista de la variabilidad de los precios, en el periodo 2006 y 2007, considerando que la harina corresponde a un orden del 40% del precio del Pan, la sola variación al alza en el precio de la harina explicaría totalmente el aumento en el precio del Pan en ambos períodos.
Por su parte, en 2008 el aumento del precio de la harina en un 11,5% explica solo un aumento de 4,6% en el precio del pan (nuevamente considerando que la harina corresponde al 40% del precio del Pan), pero este último, no obstante, registra un aumento de un 12,2%; lo cual se explica claramente con el aumento durante 2008 de otros insumos que forman parte de la estructura de costos de producir Pan.
A mayor abundamiento, en el caso del aumento del precio del pan en 2008, se puede señalar que éste no es posible de atribuir exclusivamente a las variaciones en el precio de la harina, la que según datos de Fechipan registró un incremento de un orden de 11,5%, contra un aumento en el precio del Pan en orden de 12,2%.
A los aumentos en el precio de la harina, se suman incrementos de los insumos, que en los últimos dos años han registrado importantes alzas consolidadas; como es el caso de las materias grasas, levadura, energía eléctrica, mano de obra , entre otros, etc.
Especial es el caso del petróleo, el cual si bien en los mercados internacionales en Diciembre de 2008 llegó a estar a 34 dólares por barril, dicho precio llegó hasta los 147 dólares en su momento más alto ; por lo que argumentar que el petróleo ha bajado de precio es olvidarse que el petróleo estuvo subiendo sostenidamente durante prácticamente dos años, sin que ello significara aumentos de precios del pan por este concepto, con la consiguiente merma en la rentabilidad de las panaderías nacionales.
En el último tiempo, la industria del Pan ha experimentado importantes cambios estructurales, lo cual ha estado marcado por la modificación de las tradicionales panaderías, aparición del congelado de masas de panadería y pastelería, cambios en los hábitos de consumo, cambios en cuanto a la especialización de los productos, ampliación del mix de productos hacia el almuerzo, exigencias sanitarias y de buenas prácticas por parte de la autoridad del ramo; etc. Parte de la industria ha asumido que ya no basta con tener una panadería y/o pastelería tradicional, como las que existían antiguamente en los barrios. El concepto actual es el de agregar valor al local y a los productos, desarrollar más y mejores especialidades, poseer trabajadores que cumplan un estándar mínimo de competencias, asumir un estándar de buenas prácticas de manufactura que estén acorde con las exigencias del sector, invertir en maquinaria y tecnología, capacitar personal; e
incorporar nuevos conceptos que permitan a la panadería tradicional diferenciarse e intentar sobrevivir en un entorno tan dinámico y adverso, como en el que hoy en día se desenvuelven, con actores tan agresivos y eficientes como es el caso de los supermercados, por ejemplo; donde estos últimos han logrado una participación cercana a un 30%, claramente en ascenso; lo cual se presenta como un fuerte desafío y una fuerte necesidad de modernización para este sector industrial.
Los industriales panaderos apuntan como una de sus falencias el desconocimiento de cómo generar instancias de asesoría más bien técnica, que los apoyenen la implementación de modelos productivos, con las buenas gestiones de prácticas productivas, fortalecimiento del merchandising del punto de venta, conocimiento de procesos, tecnología de punta, etc. Por otro lado, la necesidad de diferenciarse, profesionalizarse, y de hacer frente a la fuerte irrupción de competidores de mayor peso a los de antaño, como son los operadores retail de grandes superficies, grandes productores de pan congelados y/o precocido, entre otros; permite apreciar la importancia de desarrollar una acción integral de fortalecimiento de habilidades y conocimientos para el capital humano de estas organizaciones, que permita en algún grado caminar hacia la profesionalización de la actividad y hacia una realidad operacional vinculada con estándares básicos de gestión empresarial.
La Industria del pan no cuenta con estándares que incluyan más allá del ámbito sanitario y laboral. De hecho no existen organizaciones que den asistencia técnica, escuelas, ni cursos especialistas relacionados con el negocio panadero, y que permitan rescatar la tradición artesanal del proceso de panificación, cautelar los aspectos sanitarios y fortalecer la incorporación de procesos modernos e incorporación de tecnologías eficientes. A esto hay que agregar la importancia de aportar mejoras tecnológicas a la industria, que le permitan ser más eficiente y rentable, lo cual es algo que en general los industriales del sector reconocen como importante, pero que por alguna razón les cuesta abordar.
Otra problemática es la falta de desarrollo empresarial y manejo de técnicas modernas de gestión. Existe un bajo nivel profesional en esta industria de la Panadería Tradicional, lo que se traduce en mínimos conocimientos de gestión empresarial moderna, centrada en la calidad y en agregar valor al negocio; del mismo modo se aprecian importantes deficiencias a nivel de planificación empresarial. No poseer una herramienta de apoyo a la gestión del negocio y llevar el Sistema productivo de manera muy básica, arroja desventajas competitivas, y en el largo plazo, la muerte de la PYME.
Bajo nivel de investigación e innovación en nuevos productos y procesos de negocios es otro tema problemático para la industria. El escaso nivel de investigación, desarrollo e Innovación (I+D+I) genera un estado de bajo desarrollo de nuevos productos y nuevos servicios, así como un bajo nivel de generación de procesos y líneas de negocio innovadoras que agreguen valor a la empresa.
Aparte de lo anterior, no podemos dejar de lado la consabida problemática que representa la alta variabilidad en la estructura de costos operacionales de la industria del Pan; las dificultades para que cada industrial fije adecuadamente un precio final para su producto, que resguarde su patrimonio; la problemática del comercio informal y la baja fiscalización y doble estándar de las autoridades relacionadas con el tema; la urgente necesidad de diversificar nuestros negocios; el peligro de de la concentración de grandes superficies, etc.; son varios los molinos de viento contra los que debemos luchar para sacar adelante a nuestra industria.
Muchas son las dificultades que a diario deben enfrentar las pymes para sobrevivir en el exigente mercado de hoy. Y desde luego la panadería y pastelería como parte de ellas no está exenta de estos inconvenientes. Desde ya existe todo un desafío por modernizarse, capacitarse, profesionalizar las actividades y optimizar la gestión para ser más competitivos, pero lamentablemente esos nos son los únicos factores para asegurar este último punto.
Claro, porque para que la competitividad funcione, se debe velar por otros factores que dicen relación con respetarla y con querer jugar un juego limpio para que la misma sea sana y en buena lid. Lamentablemente en el último tiempo varios son los aspectos que no caminan en ese sentido, y que nos dan una alerta sobre la que hay que trabajar rápida y eficientemente.
Estamos hablando de por ejemplo la proliferación desatada del comercio clandestino, un cáncer que avanza de modo inexorable sin respetar ninguna disposición legal y que pone en riesgo la economía, las pymes, la salud de las personas, que evade impuestos y un largo etcétera.
También tenemos el tema del incumplimiento de leyes laborales para con los trabajadores que se desempeñan en este sistema de comercio ilegal, y ni qué decir de los problemas sanitarios que están a la orden del día tanto en los procesos de fabricación, transporte y venta de los productos.
Nos encontramos igualmente con el tema de evasión tributaria y con un sinnúmero de otras distorsiones que hacen muy pesada la carga para una pyme que trate de competir cumpliendo con todas las exigencias legales. Es sin duda un grave problema que debemos atacar YA.
Y cuando decimos atacar, es porque pensamos que esta es una tarea de todos, de cada uno de los industriales nuevos y antiguos, de las entidades gremiales, de los proveedores y de las autoridades; ya que a todos afecta este tema de alguna u otra manera, y de seguro en el mediano plazo les traerá no uno, sino que varios dolores de cabeza.
La manera para hacerlo es, por un lado trabajar de forma mancomunada para encontrar los mecanismos que nos permitan apoyarnos unos a otros no solo para preocuparnos del precio, sino que para denunciar, frenar y dar las menores posibilidades de subsistencia a la clandestinidad, buscar las herramientas legales que se adecuen de mejor forma a desincentivar esta actividad informal y a controlar/sancionar su práctica, presentar proyectos que postulen a subsidios estatales, etc.
Ejemplo concreto es el tema de la retención adicional del 12% sobre el IVA, que se paga por la compra de harina, que genera una gran distorsión en el sector, puesto que al ser evadida por clandestinos (que compran en distribuidoras sin este recargo), generan competencia desleal para con quienes si cumplen la norma. A este respecto planteamos que si este cobro se hace parejo para todos sin excepción, apuntaremos a intentar evitar el clandestinaje en la venta negra, intentar evitar la evasión de impuestos e intentar evitar que algunos puedan generar estructuras de costos artificialmente bajas producto de no asumir el costo de trabajar cumpliendo la normativa legal vigente como corresponde. Sin duda una medida práctica, sencilla y aplicable, pero que requiere la unión y el convencimiento de todos los actores involucrados. En este sentido hacemos un llamado al Ministerio de Economía y en especial al Servicio de Impuestos Internos a evaluar este cambio de sujeto de cobro de impuestos y dejar un cobro parejo para todos, tal como lo hemos tratado en las reuniones que hemos tenido hasta el momento, y tal como nuestros asociados nos han solicitado.
Otro aspecto relevante es el de la fiscalización efectiva. Y aquí las autoridades deben asumir el compromiso de no hacer vista gorda. Si bien sabemos que los recursos de fiscalización son limitados, hay que racionalizar su uso y no cargar los dados únicamente a supervisar los negocios establecidos, sino que preocuparse de modo más serio por frenar a los ilegales. El SII y los Ministerios de Salud y Trabajo, tienen en esta materia un tema sobre el que avanzar mucho, pues lo que hoy sucede se interpreta como desigualdad ante la ley; favoreciendo la existencia de productores clandestinos y/o con escaso control sanitario que no son controlados como corresponde.
Por último, desde nuestra actividad gremial no podemos seguir dejando que pase el tiempo estando de brazos cruzados y debemos igualmente asumir este desafío y dar la pelea por tener un mercado sano, transparente y competitivo; entendiendo que el mismo se convertirá en el mejor aliado para asegurar la supervivencia y desarrollo de nuestro sector. Son cuestión de todos las tareas como luchar contra el clandestinaje, el traspaso a precio final de nuestras alzas de costos, la defensa contra la irrupción de supermercados, la generación de buenas practicas productivas y sanitarias al interior de de nuestras panaderías, pastelerías y chocolaterías. Pero eso no es todo, en el largo plazo hay que preocuparse del tema de fondo que es que nuestro sector industrial se profesionalice, la cosa no es solo precio y denuncia, hay que estudiar, heredar a nuestros hijos negocios rentables y profesionales, hay que mirar otras realidades en otras partes del mundo, hay que aportar a nuestro gremio y no dividirlo con discursos solo centrados en el corto plazo. Por lo tanto, el futuro es la capacitación, la asociatividad, el fomento productivo, la calidad total en la producción, etc.; y eso lo lograremos con unión, un equipo multidisciplinario de profesionales trabajando para nuestra asociación, y aprovechando los beneficios que nos da el estado a las empresas y los gremios a través de Sercotec, Corfo, Sence, etc.. Debemos sectorizar nuestras regiones, juntarnos a debatir nuestros problemas en cada sector, tener coordinadores de apoyo, tener reuniones ampliadas, etc.; pero eso no es todo, en el largo plazo hay un horizonte mucho más amplio que abordar, y para eso necesitamos mantener una mirada profesional, analítica y emprendedora, no nos olvidemos de eso. La contingencia del corto plazo es muy importante, pero en el largo plazo está realmente el desafío de sobrevivir o desaparecer, trabajemos para que esto último no ocurra.
Por Claudio Vergara, gerente de innovación de IBM Chile.
La primera década del siglo XXI nos ha recibido con una serie de desafíos, como pruebas cada vez más evidentes del cambio climático, lo que nos llama a realizar un mejor uso de la energía y el agua, entre otras cosas.
Asimismo, la inestabilidad de los mercados financieros, que ha puesto a prueba las economías y la rápida propagación de enfermedades como la influenza AH1N1, nos lleva a pensar que tenemos mucho por mejorar en diversas actividades humanas.
Pese a lo complejo del escenario, para nuestra fortuna tenemos la capacidad de pensar, lo que nos abre la oportunidad de sortear este tipo de obstáculos que aparecen en el camino. Y para ello, la innovación resulta una herramienta clave para lograrlo.
Todos sabemos que nuestro planeta hoy es cada vez más pequeño y más plano. Pero si lo miramos con mayor detención, descubrimos que ahora podemos hacerlo más inteligente. ¿Cómo es posible?
En el año 2001 existían 60 millones de transistores por cada persona en el mundo. En el 2010 serán 1.000 millones. Hoy los encontramos en todas partes, desde automóviles, teléfonos, cámaras de fotos hasta lavadoras de ropa. Transistores y sensores rodean nuestra vida cotidiana; por ende, el mundo está más instrumentado.
Por otra parte, el orbe hoy en día está cada vez más interconectado. La telefonía móvil alcanzó los 3.300 millones de subscriptores en 2007 y se espera que al fin de 2009 sean 4.000 millones. En Chile actualmente cerca del 90% de la población posee un teléfono móvil. Se estima que en 2011 serán 2.000 millones las personas conectadas a Internet y 1.000 billones los objetos (autos, electrodomésticos, cámaras, carreteras, tuberías) con capacidad de conexión, dando origen a la "Internet de las cosas”.
Todos esos entes instrumentados e interconectados se están acoplando a nuevos sistemas tecnológicos de gran eficacia, que pueden analizar todos los datos que ellos generan, lo que nos permite comenzar a infundir inteligencia a prácticamente todas las actividades y problemáticas humanas y del ambiente.
Por ejemplo, ¿sabía usted que una gran parte del agua en las ciudades se pierde por filtraciones en la red? ¿O que en USA se desperdician casi 9.000 millones de litros de combustible por culpa de los atochamientos; y que una zanahoria puede viajar 2.500 Kms. del campo a la mesa, aunque se cultiven en la misma región?
En un mundo más inteligente es posible tener información en tiempo real de todos los sistemas, lo que nos permite saber exactamente qué tubería y en qué lugar tiene una filtración, sin necesidad de romper el concreto en una manzana completa; implementar sistemas de gestión de tráfico que se adapten de forma dinámica según el flujo vehicular; o sistemas de distribución de alimentos más eficientes.
La puerta está abierta para darle la bienvenida a la innovación en el mundo inteligente, y ella debe ser llevada a toda escala, en todo ámbito cotidiano y en todo negocio, por pequeño que sea. La clave está en pensar de una manera más eficiente, en imaginar los negocios y su gestión, de forma tal que sean operativos y adecuados a los requerimientos que presentan los clientes.
Las buenas ideas son transversales a toda actividad, y van desde hacer un buen pan, hasta ofrecer servicios impensados o fidelizar a los consumidores con iniciativas nunca antes vistas. Al final da lo mismo la idea, pero lo relevante es que ellas quiebren esquemas y que se puedan concretar, porque nada es más tóxico para un ambiente empresarial que el statu quo, que la inacción y el acostumbramiento/eternización de los viejos paradigmas.
En el pasado, hablar de innovación en las empresas estaba directamente relacionado con objetivos acotados a la creación de nuevos productos y servicios de valor añadido, los cuales, por si mismos, representaban ventajas para las empresas, en los mercados donde competían.
Hoy en día, existe el firme convencimiento de que la innovación supone alcances y posibilidades que van mucho más allá del solo hecho de lograr productos o servicios más atractivos para los clientes. Es más, dado el actual escenario mundial de alta competencia globalizada, donde más agentes buscan expandirse hacia aquellos espacios en donde su oferta sea aceptada, la innovación se constituye como un requisito y un desafío clave para tener éxito en mercados cada vez más conectados, complejos y exigentes.
En Chile, el objetivo de lograr una economía más competitiva, basada en la innovación como pilar estratégico del desarrollo de las empresas, es una tarea y un desafío que presenta espacios y aspectos pendientes. Si bien, es un hecho reconocido que en los últimos años se ha realizado una gran labor, tanto pública como privada en torno al diseño e implementación de una estrategia nacional de innovación, y se ha aumentado considerablemente el financiamiento de proyectos de alto componente innovador, aún existen asuntos de fondo que no han logrado la madurez necesaria para avanzar hacia una cultura que valore la innovación como factor de competitividad, capaz de transformar la economía y la sociedad en su conjunto.
Desde esta perspectiva, vemos que la innovación a menudo sigue siendo considerada como una actividad asociada sólo a la creatividad, o bien ligada a instancias aisladas de lucidez. Y aunque estos elementos son muy importantes, son sólo parte de un proceso mucho más vasto y complejo que define el desarrollo de las innovaciones al interior de una empresa. Tal como dice el profesor Drucker: “La innovación es trabajo duro, más que genialidad”, y por lo tanto, la capacidad de innovar de las empresas debe constituir un recurso a la par de sus capacidades para administrar las finanzas o la producción.
En sintonía con el punto anterior, un aspecto de gran relevancia para nuestro país, asociado al objetivo de crear una cultura empresarial orientada a la generación permanente de innovaciones, tiene que ver con el fortalecimiento de la gestión de las empresas en temas de innovación. Por un lado fortalecer el trabajo orientado a la generación de valores y principios ligados a la cultura innovadora, y por otra parte, la incorporación consciente y sistemática de capacidades, herramientas, mecanismos y técnicas adecuadas y en sintonía con las exigencias presentes en los mercados donde compiten nuestros productos.
Por último, un desafío no menor que incorpora tanto a las empresas chilenas como a la administración pública, está relacionado con la capacidad de las mismas para trabajar en conjunto y alineados en torno a la estrategia de innovación común, promoviendo la cooperación como una potente fuerza competitiva.
En este contexto, y en concordancia con los desafíos que implica apoyar el fortalecimiento de la gestión de las empresas chilenas en materias de innovación, InnovaChile de CORFO pone a disposición de las mismas, de manera flexible e integral, líneas de apoyo, clasificadas de acuerdo a las diferentes necesidades que enfrentan las empresas a lo largo del ciclo de innovación. Estas líneas abarcan iniciativas que van desde I+D precompetitiva, proyectos de innovación empresarial, difusión y transferencia de tecnología, hasta el apoyo a la creación de empresas con alto potencial de crecimiento.
En particular, y como parte de su oferta orientada específicamente al fortalecimiento de la capacidad de las empresas para generar proyectos innovadores, así como también desarrollar una cultura de innovación, es que en agosto de 2008 se desarrolló el concurso para la “Promoción de la Gestión de la Innovación en Empresas Chilenas”. Ésta convocatoria tuvo como objetivo identificar y apoyar un conjunto de experiencias pilotos en gestión de la innovación, que junto con desarrollar y fortalecer capacidades en las empresas participantes y sus equipos, se constituyan en una referencia para sus similares.
Tras un exhaustivo proceso de evaluación, 12 proyectos fueron seleccionados, desde el desarrollo de un modelo de gestión de la innovación como experiencia piloto en el sector agroalimentario, hasta el desarrollo de agendas de innovación en empresas del clúster minero. Del total de los proyectos aprobados, 8 se ejecutarán en la Región Metropolitana, mientras los otros 4 en las regiones Del Maule y Los Lagos.
La puesta en marcha de estos proyectos significará un aporte al fortalecimiento de la cultura de la innovación en nuestro país, considerando que la inversión total público privada para estos 12 proyectos asciende a más de $1.200 millones, aportando InnovaChile cerca de $550 millones.
Finalmente, la apuesta implícita que subyace en el financiamiento de este tipo de iniciativas, así como de otras similares implementadas por InnovaChile, es que a mediano y largo plazo, nuestro país pueda avanzar de manera eficiente hacia la generación de una masa crítica de empresas innovadoras, con altos niveles de competitividad y productividad, que contribuyan de manera creciente al desarrollo económico del país, y a la calidad de vida de sus ciudadanos.